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La creatividad, en la frontera de la ciencia

«Siempre he trabajado en áreas creativas, pero entre todas ellas la ciencia me parece la más emocionante e inspiradora», afirma Jonny Ohlson, de Touchlight Genetics. Seguimos los pasos de este emprendedor de éxito por un original recorrido que le ha llevado de las agencias de publicidad a trabajar en la tecnología que posiblemente siente las bases para la próxima generación de productos de ADN.

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Es fácil imaginar al fundador de una empresa puntera en la fabricación de ADN como el típico científico de bata blanca, cuya carrera ha transcurrido en laboratorios de grandes universidades. No hay nada más alejado de este arquetipo que la figura de Jonny Ohlson, quien a sus 55 años dirige Touchlight Genetics. Su credo es que todos los procesos creativos que subyacen al desarrollo de los negocios de éxito son idénticos, tanto si se aplican a ofertas de productos de consumo como a las fronteras de la ciencia.

De Saatchi a Soho House
Este diplomado en ciencias empresariales supo desde los 10 años que quería ser empresario; y es que Ohlson siempre tuvo claro que no quería seguir los pasos de su padre y hermanos mayores por la City londinense. 

Tras plantearse inicialmente abrir un restaurante, finalmente se inclinó por el mundo de la publicidad, incorporándose en los años 1980 a Saatchi, entonces en su apogeo. Desde esta prestigiosa agencia trabajó para clientes como BP y British Airways bajo la tutela del legendario director creativo Paul Arden, que le animó a creer que era capaz de hacer cualquier cosa que se propusiera. Pasó a ser director gerente de la agencia Griffin-Bacal hasta su adquisición por el Grupo Doyle Dane Bernbach (una de las mayores redes de agencias creativas del mundo) en 1994.

Cuando una puerta se cierra, otra se abre. En su siguiente etapa Ohlson se asoció con Nick Jones, fundador de Soho House, para colaborar en el desarrollo del formato y la marca de este original club social situado en Greek Street, en el Soho londinense — muy de moda entre los profesionales de la comunicación de Londres — y en la creación de réplicas de este club en hot spots internacionales como Nueva York y Miami. Jones dirigía las operaciones de la compañía mientras Ohlson se encargaba de su marketing. Su colaboración como consejero se mantuvo hasta el año 2006, si bien en esa fecha también había empezado a invertir en proyectos tecnológicos, con la imaginación ya cautivada por el potencial del ADN. 

Una creatividad distinta
«El Proyecto Genoma Humano me fascinó», dice Ohlson. «Empecé a vislumbrar cómo el código del ADN podía actuar como una potente fuerza de cambio en el siglo XXI, al igual que los algoritmos lo habían hecho en el siglo XX». Conoció a la bióloga Dra. Vanessa Hill y encargó investigaciones de diligencia relacionadas con algunos planteamientos de esta científica sobre el ADN: así surgió el concepto de Touchlight, basado en un proceso “enzimático” de fabricación de ADN para una serie de fines médicos y de investigación. Se trata de un proceso que ofrece una reducción drástica de costes, tiempo y espacio respecto al método establecido de fermentación bacteriana.

La plataforma de fabricación enzimática de vectores de ADN de Touchlight despliega un vector lineal libre del esqueleto central de secuencias bacterianas, que posee una expresión elevada y duradera, y es fabricado a escala multi-gram en un proceso GMP que dura cinco días. La empresa ha desarrollado esta idea llevándola de la teoría a la práctica, evidenciando el concepto y posteriormente haciendo avanzar con rigor la tecnología hasta niveles que posibilitarán la creación de nuevas medicinas, como vacunas de ADN y terapia génica. Touchlight también promueve el potencial de los nanomateriales de ADN, ya que este puede almacenar datos, potenciar la nanoelectrónica y ser utilizado en campos tecnológicos como la computación, la ingeniería metabólica y los sensores. El objetivo global de Touchlight es dar a luz a la próxima generación de medicinas genéticas y de industrias del ADN.

«La ciencia es la industria más emocionante e inspiradora»  
Huyendo de la vía tradicional que pasa por la captación de capital riesgo con el objetivo de cotizar en el índice AIM o de vender la empresa a una gran corporación en un plazo de cinco a siete años, Ohlson empezó autofinanciándose para, a continuación, recaudar “capital paciente” entre su círculo de amistades, quienes invirtieron a través de un plan de inversión empresarial (EIS en sus siglas en inglés). Se obtuvieron las patentes pertinentes y el equipo inicial de tan solo tres personas creció hasta contar con 45 colaboradores en la sede de Touchlight, instalada en una antigua planta de abastecimiento de agua en Hampton, Reino Unido. Por otra parte, está prevista la contratación de otros 30 profesionales para atender las necesidades de una joint venture creada junto a una importante empresa de terapia génica. En 2018, Touchlight anunció la creación de un importante programa de investigación en colaboración con Johnson & Johnson en el campo de la oncología y de las enfermedades infecciosas.
«Contratamos a científicos brillantísimos y hemos conformado un equipo realmente sobresaliente. Ha sido un desafío colosal: de haber sabido que me llevaría 10 años, no estoy seguro de que me hubiera embarcado en este proyecto. Sin embargo, hemos construido una empresa única, feliz, privada y británica, y estoy muy orgulloso de ello. La ciencia no suele ser considerada como un sector creativo, pero es la industria más emocionante e inspiradora».