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Veamos cómo pagan sus cuentas los chinos… Probablemente observemos que, en las áreas urbanas, más de la mitad de los clientes lo hacen a través de su teléfono móvil.  Basta con escanear el código de barras que les presentan en el propio comercio, acceder a una aplicación llamada «cartera virtual» para autorizar la operación y ¡ya está!, el dinero es transferido. El pago por teléfono móvil es tan común que muchos usuarios – en particular los más jóvenes – ya no llevan encima monedero o dinero físico. Allí, incluso los músicos callejeros y los vendedores ambulantes aceptan pagos por teléfono. Esta tendencia está tan asentada que, según  informa el South China Morning Post, hace tan solo unos meses el Banco Popular de China recordaba a los comerciantes que debían seguir aceptando pagos en efectivo… En Estados Unidos y en Europa, los pagos por teléfono móvil no están tan extendidos, pero su uso crece con rapidez. Las aplicaciones de Apple, Google y Samsung – tres de los principales actores occidentales – prácticamente duplican su número de clientes de un año para otro.

¿Qué es el pago digital?

Varían las definiciones, pero probablemente la más comúnmente aceptada es la que abarca tarjetas de crédito, tarjetas de débito y carteras virtuales (en consecuencia, los medios de pago no digitales son el efectivo, los cheques y las transferencias bancarias). Son pocos quienes no conocen las clásicas tarjetas bancarias que llevamos utilizando desde hace casi un siglo – crédito – o 50 años – débito –. En cambio, las carteras o monederos virtuales asociados a teléfonos móviles u ordenadores no son tan populares, a pesar de contar con dos décadas de existencia. Los actores más importantes en este mercado son Alipay y WeChat, que ostentan un «cuasi duopolio» en China. En Occidente, quienes proporcionan estos servicios son principalmente Amazon, Apple y Google, además de PayPal, Facebook y por lo menos otras cinco o diez entidades. Como vemos, no se trata de bancos al uso, a pesar de que la banca también ofrece soluciones de pago por teléfono móvil; una de las más conocidas es Zelle, un servicio propiedad de un consorcio de entidades financieras estadounidenses.

¿Son realmente diferentes las carteras virtuales de las tarjetas de crédito/débito?

Cuando se realiza físicamente una compra en un comercio, en la práctica la diferencia es limitada: simplemente se utiliza un teléfono móvil en lugar de una tarjeta. Sin embargo, cuando la compra se efectúa online o a través de un vendedor no convencional, las carteras virtuales pueden resultar más convenientes. El comprador se necesita pulsar menos teclas o botones y los vendedores coinciden en que los trámites y requisitos para darse de alta o registrarse en los servicios de cartera virtual son más sencillos que para las tarjetas de crédito o débito. Donde sí existe una diferencia realmente sustancial entre las carteras virtuales y las tarjetas bancarias es en los pagos de persona a persona. En este caso, se asemejan mucho a los pagos en efectivo. Si el emisor y el receptor están registrados en la misma aplicación de cartera, basta con un número de teléfono o una dirección de correo electrónico para autorizar una transferencia. Se puede compartir la cuenta de una cena o enviar dinero a un familiar con tan solo pulsar unas pocas teclas.

¿Y qué hay de la seguridad?

Los proveedores de estos servicios aseguran, por supuesto, que sus carteras virtuales son seguras, y ensalzan los distintos métodos de encriptado y demás barreras técnicas diseñadas para evitar su uso fraudulento. En este caso también fue un medio de comunicación asiático, el Asia Times, quien informó el pasado octubre que algunos usuarios de la aplicación china Alipay habían sido víctimas de operaciones fraudulentas por valor de miles de yuanes (CNY 1 000 = USD 148). Si bien Alipay admitió el delito, lo atribuyó a un supuesto fallo en el sistema de seguridad del iPhone de Apple. Sea como fuere, probablemente es más prudente afirmar que las carteras virtuales – al igual que cualquier otro medio de pago – jamás serán totalmente seguras. Es más, en su mayoría ni siquiera están sujetas a normas similares a las que rigen las tarjetas de débito y crédito. En el caso de estas últimas, un cargo fraudulento puede casi siempre ser impugnado y devuelto, mientras que las carteras virtuales, en general, no disponen de este mecanismo de protección. La web HowStuffWorks señala por ejemplo que «PayPal no ofrece ninguno de los mecanismos de protección que proporcionan los bancos convencionales, y no están obligados a mantener ninguno de los servicios de seguridad, atención al cliente o resolución de conflictos que ofrece la banca».

Sea como sea, las carteras virtuales viven una explosión

Según las estimaciones de la empresa de investigación eMarketer, en 2021 la práctica totalidad de los mil millones de usuarios de teléfonos móviles que tendrá China en esas fechas dispondrán de carteras virtuales. Y ello habiendo partido de cero en 2005, año del lanzamiento de Alipay. Las previsiones para otras regiones son más modestas, pero no por ello menos significativas: eMarketer calcula que un 25% de los norteamericanos, así como un 15% de los europeos, utilizarán una cartera virtual en 2021. Esta evolución es impulsada por distintos factores, según señala un reciente informe de Julius Baer. El comercio digital está en plena expansión, e incita naturalmente a realizar los pagos online. La reglamentación aplicable fomenta las carteras virtuales, en particular las que son ajenas al sistema bancario; finalmente, los pagos de empresa a empresa están maduros para pasar de las letras y cheques bancarios a las carteras virtuales. Actualmente, según indica Julius Baer, un 95% de los pagos B2B se sigue realizando en efectivo, mediante cheque o transferencia bancaria.

¿Y qué pasa con el efectivo?

Según las estimaciones de Julius Baer, en la próxima década el valor anual de los pagos digitales se triplicará. Paralelamente, los medios de pagos no digitales disminuirán pero no desaparecerán por completo, a pesar de las reiteradas previsiones que auguran la inminencia de una sociedad cash free. En primer lugar, porque el dinero efectivo resulta barato. Los vendedores (y compradores) pagan por el privilegio de utilizar dinero digital: en el caso de las tarjetas de débito, en torno a un 1% de cada operación, y para las tarjetas de crédito y las carteras virtuales, lo habitual es un 3% (excepto en China, donde la comisión puede ser inferior al 1%). Por otra parte, el efectivo es anónimo, lo cual resulta atractivo en general y no solo para los delincuentes. Algunas personas sencillamente no quieren que cada pago que realizan quede registrado: les gusta mantener el anonimato. Por último, y en particular para importes pequeños, el efectivo es sin duda lo más práctico. Si llevamos más de 700 años utilizando papel moneda no es casualidad… ¡y seguiremos haciéndolo!

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