This page is not available in your selected language. Your language preference will not be changed but the contents of this page will be shown in English.

Para cambiar su localización actual, seleccione una de las siguientes ubicaciones de Julius Baer. Si su ubicación no aparece en la lista, seleccione internacional.

Servicios electrónicos

Seleccione
Servicios electrónicos extras

*Su ubicación actual es una aproximación en función de su dirección IP y no necesariamente corresponde con su nacionalidad o su domicilio.

Boletín

Suscríbase al boletín Insights

Boletín

Suscríbase al boletín Insights

La experiencia del confinamiento durante la crisis del coronavirus ha afectado nuestras vidas de muchas maneras. El confinamiento global nos ha obligado a muchos a quedarnos en casa o, como mínimo, a interponer una distancia física con los demás. Salvo que usted sea un «trabajador esencial», lo más seguro es que haya tenido que acostumbrarse a trabajar (y los padres de niños pequeños, a darles clase) desde casa. Las redes sociales han hecho posible el distanciamiento social. 

Muchas personas se han visto obligadas a comprar alimentos, ropa y material educativo por internet. Las consultas médicas se han efectuado a través de plataformas digitales. Los abuelos han «conocido» a sus nuevos nietos a través de sistemas de mensajería, mientras que otras personas han tenido que decir un último adiós a distancia a través de una pantalla.

La vida cambiará para todo el mundo cuando emerjamos de la sombra del coronavirus, pero una cosa es segura: todos tendremos más tecnología. Si el confinamiento nos ha enseñado algo es que, en el mundo digital, las posibilidades son infinitas.    

Nos enfocamos aquí en tres temas concretos relacionados con la disrupción digital que, a nuestro juicio, se destacan por las oportunidades que ofrecen a los inversionistas que deseen acceder a los beneficios de este tema de inversión: los pagos digitales, la salud digital y la ciberseguridad.

Pagos digitales      
En los últimos 10 años, los proveedores de redes de pago han tenido una tasa de crecimiento anual compuesta de sus ingresos considerablemente estable en torno al 10%. De cara al futuro prevemos que esta tendencia positiva continúe, ya que las soluciones de pago digital siguen quitándole cuota de mercado al efectivo, en parte por comodidad y en parte por la transición estructural hacia el pago electrónico a medida que la vida privada y laboral se digitalizan.

La crisis del coronavirus ha acelerado esta tendencia y acentuado la importancia de contar con una presencia en línea adecuada para no depender en exceso de clientes físicos. Además, ha puesto de relieve los riesgos de salud asociados al dinero físico en una pandemia. En nuestra opinión, la crisis seguirá impulsando la transición hacia el comercio electrónico.

Salud digital    
El brote del coronavirus ha puesto de manifiesto las lamentables carencias de algunos sistemas de salud, tanto en países desarrollados como en vía de desarrollo. Los gobiernos y las instituciones de salud se verán forzados a robustecer sus sistemas de salud e incrementar su eficiencia adoptando más tecnologías digitales de salud.

Y la cosa no acaba ahí. Los individuos también muestran una mayor predisposición a evaluar y controlar su propia salud mediante la compra de tecnologías inteligentes en forma de aplicaciones y dispositivos. Estos últimos han avanzado desde contar los pasos del usuario hasta vigilar su alimentación y hacer un seguimiento de sus constantes vitales. Muchos ciudadanos han empezado a usar aplicaciones de seguimiento para mantener a raya el Covid-19. 

Las consultas médicas en línea se han popularizado entre los consumidores chinos durante la crisis del coronavirus y se ha producido un repunte mundial de la telemedicina durante el confinamiento. A nuestro juicio, la pandemia debería impulsar la transformación a largo plazo del sector de la salud hasta dotarlo de una mayor solidez y eficiencia.

Ciberseguridad
Los datos de clientes tienen cada vez más valor para los piratas informáticos, y los gobiernos están aprobando legislaciones que penalizan a las empresas por el mal uso o la pérdida de estos datos, por lo que casi todas las empresas que cuentan con una presencia digital y recopilan información de sus clientes enfrentan mayores riesgos.

Las violaciones de ciberseguridad cuestan a la economía mundial cerca de USD 1,5 billones al año y las previsiones apuntan a que esa cifra crecerá: algunas fuentes vaticinan un apabullante costo de USD 6 billones para la economía mundial en 2021.

Las empresas no pueden darse el lujo de descuidar la ciberseguridad, dadas las amenazas que se avecinan. Con el auge del comercio electrónico, ha crecido también el robo financiero por medios digitales. Por otra parte, el coronavirus ha obligado a gran parte de la mano de obra mundial a trabajar desde casa y el mayor número de conexiones digitales ha abierto las puertas a más ataques potenciales, que son un claro reto para la infraestructura de ciberseguridad de las empresas. 

La repatriación de cadenas de valor es sin duda una tendencia que también se observa en el ámbito de la tecnología y la seguridad, como pone de manifiesto el caso Huawei entre EE.UU. y China.

Cuando las grandes empresas ganan autonomía tecnológica, de forma natural empiezan a desarrollar sus propios estándares individuales que pueden convertirse en nuevas vías de entrada para los cibercriminales.

Artículos relacionados